Ángel de la muerte.
Desecado al sol, mis lágrimas han caído.
El amor que siento por vos persiste en mi corazón sin consuelo ni perdón.
Como una rosa esplendorosa, la muerte es vuestra fragancia y el luto vuestro color; ambas trascienden a gran distancia con la esperanza de que conservéis lozana y linda vuestra belleza.
He ahí mi temor, pues debo cuidarme de vuestros tallos y de vuestras espinas afiladas, que clavadas en mi corazón, hacen que pierda la razón.
Mi suspiro dice cuánto os amo, que si lo supierais no seriáis tan cruel con este humano.
Mi bella dama de la muerte como gritos en el aire, sordo es mi dolor, y aunque sé que no me amáis, no dejaré de buscaros, pues aun me quedan fuerzas para cabalgar hasta el infierno.
He de encontraros, porque deseo arroparos
con mi aliento, que cristalino flota vigoroso con el viento.
Observad desde la lejanía, como emana mi sangre cuando cierro el puño sobre el filo de mi espada punzante.
¡No temáis ángel de la muerte! He de asegurarme que la herida yace profunda en la carne, pues el dolor es mi único aliado. Y cuanto más profunda es, más nítido permanece en mi el recuerdo de vuestro rostro endiablado.
Estés donde estés, no dejéis de susurrarme al oído, decidme que me amáis, y yo os seguiré buscando durante toda la eternidad.
J.Lavalle
Copyright© Ediciones Ofisa., 2012
Todo es posible
C/. Zaragoza 1, 07181 Son Caliu – Baleares - España
Copyright © 2012 Joaquín Lavalle Martínez
All rights reserved.
ISBN-10: 84-940662-2-6
ISBN-13: 978-84-940662-2-1
Deposito Legal: PM 981-2012
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